Yo acababa de dejar el carro en el parqueo y me tocó atravesar el solar en el que un reguero de carajitos jugaba pelota a mano pelá. Al pasar junto al ellos, recordé mis días de pelotero en aquel mismo lugar. Era malísimo pero me moría por jugar. Cacao me ponía siempre en el Right y los tígueres me vivían dando cuerda, pues todo el mundo sabe que en el Right siempre juega el que menos apara (esto se explica por la escasez de bateadores zurdos que son los que jalan la pelota hacia la derecha).
Justamente pasaba junto al Right y me quedé mirando al palomito que ocupaba la posición. Tenía unos 11 años. Era una miserable y anodina lagartija con las canillitas cundidas de picadas de mosquitos. Tenía cara de idiota y sandalias de nerdo. Todo un búcaro pelotero. Me causó muchísima risa ver que jugaba con un celular en la mano izquierda.
Pobre infeliz —pensé sin demasiada compasión— Ya se habrá dado cuenta de que por ahí no batean en varias semanas y anda con un celular para salir juyendo a ponerse el Caladryl cuando la vieja lo llame. Si yo fuera carajito en estos tiempos, llevaría un PSP al Right para no aburrirme.
En eso le sonó el celular.
—Aló. Dígame montro… sí, yo dejé el asunto allá en la equina, donde el Menor, como uté me dijo... tre gramo de la blanca y ocho X... sí, me pagó con tre milenaria y do científica, que lo otro se lo da el vierne… no, me dijo que era dique pa uno cuero… yo le llevo el dinero ahorita... bueno, ya uté sabe… nos chequianos.
En ese momento, se escuchó un batazo. Era entre Left y Center. El carajito ni se movió. Sacó tres papeletas de mil y dos de cien de su bolsillo. Las contó y las volvió a guardar.
lunes 15 de junio de 2009
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10 comentarios:
Interesantísimo tu microcuento. A mí este género me gusta mucho.
Me ha gustado mucho la historia y el ritmo. No sé mucho sobre este deporte así que tuve que leer el primer párrafo dos veces para cogerle la seña.
Lo que más me atrae es la triste realidad que retratas y la forma en que lo haces: sin excesivo dramatismo.
Espero seguir leyéndote.
A mi lo que más me ha gustado la verdad es la manera en que manejas palabras de un lenguaje que ya es tan nuestro, tan gramaticalmente correctas, con su aroma a dominicanidad, claro está, apartando lo triste y real que pueda ser lo que dices hermano, es el día a día nuestro.
Afectos!
Ro, Ro Ro... eres dominicana. TIENES que saber de pelota, jajaja. Me avisas y te doy un curso rápido para que por lo menos manejes el vocabulario. Gracias por la visita. Te enfriaste. Estabas casi ponchada pero negociaste la base en bolas... jajaja.
Gracias W.
Cuando escribo cuentos "en dominicano", es siempre un reto mantener el balance entre "lo creíble" y "lo legible". Me alegro que te parezca que este relato mantiene el color correcto sin perder claridad. Afectos para ti también.
Buen sabor al leerlo, es casí como estar viendo la escena. Te la comite, loco!
Lo duro es el fondo. Montro, ta fuelte!
1. Thank you (again)
2. Detesto la pelota, es increible que este "microcuento" me dejó con ganas de seguir leyendo. Al principio hasta lastima me dio el carajito con sus canillas llenas de picadas de mosquito..
"Right Field a mano pelá!" Eso me recuerda a uno cancioncita que hacíamos en mi niñez. Excelente el cuento y muy vergugo el pichón de narco.
Jejeje. Soy dominicana pero la pelota no es lo mío. Me parece un deporte aburrido. No logra emocionarme tanto como el tenis, por ejemplo.
Pero el curso se agradece, por lo menos para no pasar vergüenza. :)
Ah, y no estoy perdida. Es que ando de lectora silenciosa. Espero haberme enfriado.
Ya me estaba solidarizando con el chamaquito (yo también fui el del right, no aparaba ni un coco); pero todo cambio con el ring de un celular.
Excelente relato, me pasaré por aquí mas seguido.
Keep n touch!!!
Excelente... me gusto un monton, a ver cuando escribes el libro...
Bien contado. Todos los que hemos jugado Right Field entendemos, excepto que cuando yo jugaba no había este tipo de negociantes en el terreno.
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Ahora te toca a ti.