lunes 27 de abril de 2009

uno de esos días

oh no… otro de esos días… lo supe desde que un tipo que nunca había visto en mi vida me saludó como si fuéramos hermanos y hasta me preguntó por Sebastián, después, confundiría a un bollo de hierba seca con una rata muerta y pegaría un vergonzoso brinco delante de la misma vieja que me vio llegar anoche pasado de tragos y ya empieza a desconfiar… además, tuve un ataque crónico de despiste que provocó que tuviera que devolverme ocho veces hasta la casa a buscar diversas cosas que debí llevar conmigo desde la primera vez que salí (los lentes de sol, el dinero de Andrea, la película que debía devolver en el video club, la laptop, la llave del carro, el celular, la certeza de que no me había puesto desodorante y de nuevo los lentes de sol que olvidé sobre la mesa cuando me devolví a buscar el celular)… qué torpeza, qué afición por lo absurdo. En el semáforo, Paris Hilton conduce un Mustang convertible y me dedica una sonrisa Colgate, ya me disponía a devolverle la gentileza cuando el Eslabón Perdido vestido con uniforme de la Autoridad Metropolitana de Transporte me multó por estar hablando por teléfono en el carro ¿soy yo o este poloché huele a mocato? se acabó la gasolina y olvidé la billetera en casa, me di cuenta cuando intenté pagar el desayuno, el tipo del Drive-in de Wendy’s no entiende cómo alguien puede pedir un combo número uno con tocineta sin tener un chele en los bolsillos, sorry, pana, es que estoy teniendo uno de esos días...
Llegar al trabajo tarde y con puntería suficiente para cruzarme con el jefe que iba saliendo para una reunión era tan previsible como el final de una telenovela venezolana, que el cliente haya tardado cinco minutos en rechazar la campaña en la que estuvimos trabajando durante dos semanas era tan natural como Richie Ricardo y ya sólo quedaba someterme al rosario de cuitas que irían desde la mosca en el almuerzo hasta descubrir que no había papel en el excusado cuando ya era demasiado tarde.
¡Qué día! Una cervecita para botar el golpe. Una mujer es toda dedos sobre su Blackberry, estoy absolutamente seguro de que no la conozco, camino hacia ella, pero sólo porque ella está a mitad de camino hacia el bar, de repente, alza la cabeza y su mirada se encuentra con la mía, su cara estalla en una sonrisa y sus ojos se iluminan como una supernova, toda emoción, toda recuerdos, es hermosísima y está superbuena… no obstante, la dejaré con la palabra en la boca y seguiré en pos de mi Stella Artois… se trata, evidentemente, de una confusión, y eso sólo me traería más problemas un día como hoy.

P.D.: La cerveza estaba caliente.

7 comentarios:

Avalon's Butterfly dijo...

Hay veces que el mundo conspira a nuestro favor..

Algunos días el universo conspira en nuestra contra...

Solo queda sonreir,

Besos por acá,

Argénida Romero dijo...

Ay! Esos días! Ni modo.

K|isha dijo...

Sí... uno de esos!!!
Gracias por tu visita a mi blog.
Nos seguimos leyendo.

Carolina dijo...

Buemo... no se separar lo que era realidad o imaginación... pero si que fue uno de esos dias !!!

Clawer dijo...

Déjà Vu man. Todos hemos tenido al menos uno de esos días.

seseum dijo...

Así es Clawer, y a veces se suceden con tanta insistencia que dejan de ser la excepción. Gracias por la visita.

Anónimo dijo...

Fabuloso!! Recuerdos de algunos días en los que hasta el lavamanos se rompe y queda el caño disparando agua en la cara!!
Ilusha

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